EntrevistaSocio

Luis Felipe Jiménez "Para que haya subsidiariedad, tiene que haber un amplio espacio para la participación, la iniciativa y la proactividad”

El Gerente de Personas de Empack, Luis Felipe Jiménez, señala que probablemente la subsidiariedad es más factible de ser aplicada en empresas en las que sus trabajadores tienen un mejor nivel de educación y formación valórica. 

 

-A nivel de operarios, ¿cómo evalúa la calidad de la formación, competencias y productividad del capital humano en nuestro país? ¿Qué desafíos presenta esta realidad en materia de capacitación? 

 

La mayoría de los operarios no tiene una formación adecuada. Aún nos topamos con bastante gente que no tiene cuarto medio. En Empack nos preocupamos de que, como mínimo, los trabajadores terminen su educación secundaria. Si bien es cierto que se puede hacer mucho en materia de capacitación, hay algunos obstáculos en el camino, sobre todo de índole cultural, ya que tiene relación con una resistencia al cambio. No todos los trabajadores están dispuestos a capacitarse, otros no tienen un espíritu de superación o prefieren cumplir con lo mínimo. Este es un indicador de las falencias de la educación escolar y familiar. Hay temor a estudiar y a sacar malas notas, a no poder sacar un título. 

 

Empack tiene un sistema de becas de estudio para que quienes se quedaron sólo con el colegio saquen un título técnico, para que los técnicos saquen una ingeniería en ejecución, por ejemplo. Estas becas financian desde el 25 al 60% de los estudios según sea el caso. Pero quienes toman esta oportunidad son menos de los que quisiéramos.  

 

-En su experiencia, ¿qué otros obstáculos percibe en la cultura empresarial de nuestro país para aplicar la subsidiariedad en la gestión? 

 

Probablemente, la subsidiariedad es más factible de ser aplicada en empresas en las que sus trabajadores tienen un mejor nivel de educación y formación valórica, porque para que haya subsidiariedad, tiene que haber un amplio espacio para la participación, la iniciativa, la proactividad, que finalmente son las actitudes que impulsan la innovación. Pero en la cultura de los trabajadores muchas veces nos encontramos con un excesivo apego a hacer las cosas como siempre se han hecho y los cambios no son bienvenidos. El difícil romper el hábito de cumplir con lo que el jefe ordenó y no moverse de ahí. Esta actitud temerosa de los trabajadores está influenciadano sólo por su historia familiar y educacional, sino por cómo los tratan sus propios jefes.

 

Hay veces en que los mandos medios tienen un estilo autoritario y sienten que sólo así se les respetará y obedecerá. Cuando el líder inmediato es autoritario, la iniciativa y las buenas ideas quedan guardadas, hay temor a manifestarlas. Muchos jefes piensan que si abren más espacios de participación se corre el riesgo de defraudar las expectativas creadas. Un buen líder tiene que saber encauzar adecuadamente los procesos participativos y potenciar los talentos de su gente, pero esto no lo enseñan en las escuelas de negocios o en la universidad. Son habilidades blandas fundamentales, pero que dependen, al final, del criterio, la sensibilidad y el sentido común de cada líder.