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Verónica Campino - Marginadas y olvidadas

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La pérdida de talento femenino no es solo una materia de imperativo ético y social, sino también un desafío para el crecimiento del país.

 

El Ejecutivo anunció que ha decidido examinar la posibilidad de enviar una reforma constitucional al Congreso para reponer la titularidad sindical. Así se busca aprobar una reforma a la carta magna que, en síntesis, busca establecer que el derecho a negociación colectiva sea ejercido preferentemente por el sindicato. Esta decisión deja en evidencia que al parecer el Gobierno no entiende cuáles son los verdaderos desafíos que existen en el mercado laboral chileno, o bien, los entiende pero no tiene voluntad política alguna para enfrentarlos.

 

Tanto la OCDE como la OIT han reiterado en sus informes la gran deuda que tiene nuestro país con las mujeres trabajadoras: la tasa de participación laboral femenina está estancada en 48% -tan solo 24% en los deciles más vulnerables- y la principal razón de inactividad laboral femenina son las razones familiares permanentes (36%). En los últimos 18 meses la creación de empleo asalariado femenino ha disminuido; han aumentado las trabajadoras por cuenta propia en 10% -con un ingreso promedio de $197 mil- y las mujeres inactivas por razones familiares han aumentado 4,58%. Es decir, seguimos perdiendo talento femenino pues el debate se extravía en discusiones ideológicas que no resuelven el problema de fondo: que las condiciones laborales se ajusten a las necesidades familiares de trabajadores y trabajadoras. Es imperativo impulsar una mayor adaptabilidad laboral -a través de las jornadas especiales para trabajadores con responsabilidades familiares- y corresponsabilidad familiar.

 

Un estudio reciente de la Fundación ChileMujeres estima que el PIB chileno podría aumentar hasta en 8,5% si las mujeres inactivas por razones familiares se incorporaran al mercado laboral, lo que manifiesta que la pérdida de talento femenino no es solo una materia de imperativo ético y social, sino también un desafío para el crecimiento de nuestro país.

 

Al parecer, esta realidad es una buena amiga para alentar discursos presidenciales, pero no es suficiente para motivar al Ejecutivo a tomar cartas en el asunto, pues a la hora de escoger cómo modernizar nuestro mercado laboral, este apuesta toda su voluntad política en fortalecer -modificando nada menos que nuestra Constitución- el rol de los sindicato. Al parecer, para ellos no es evidente que las personas tienen necesidades familiares particulares que no pueden ser homologadas. Cada trabajador y trabajadora -y no solo los sindicatos- debe contar con la libertad y el derecho a solicitar al empleador las condiciones que más lo favorezcan.

 

Paradójicamente, el Gobierno de la Presidenta Bachelet -única Presidenta en la historia de nuestro país- será recordado como el gobierno que tuvo la oportunidad de lograr una integración plena de la mujer al mundo del trabajo, pero decidió que era políticamente más efectivo que permanezcan –nuevamente- marginadas y olvidadas.

 

*La autora es co fundadora Fundación ChileMujeres.
Publicación: Pulso, jueves 16 de junio de 2016.