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Paula Valenzuela - Ética y gobierno corporativo en el fútbol

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En la ANFP debería haber directores independientes, no escogidos "a dedo", sino a través de mecanismos profesionales. Adicionalmente, se requieren nuevos sistemas de control de gestión.

 

Decir que el fútbol vive uno de los peores momentos de su historia no es una novedad. La crisis de corrupción a todo nivel abarca desde la FIFA en Suiza, buena parte de las federaciones continentales y decenas de federaciones nacionales.

 

Chile, lamentablemente, es uno de los países afectados, con el ex presidente de la federación Sergio Jadue colaborando con el FBI, mientras es además acusado en Chile, tanto él como su entorno, de un sinnúmero de infracciones que revelan una cultura de corrupción enquistada en lo alto de la organización de la ANFP. “Acordé participar en un esquema para defraudar a FIFA, Conmebol y Concacaf […] al aceptar sobornos”, reconoció Jadue en el marco de la investigación en Estados Unidos.

 

Con esta situación como contexto, lo importante es definir los caminos para que la principal orgánica del fútbol chileno pueda salir exitosamente de su actual atolladero y cumplir adecuadamente con el rol para el cual fue creada.

 

Lo primero que habría que considerar en una reforma profunda de la ANFP, sería su gobierno corporativo y la cultura ética y de cumplimiento que de este se desprende. El contar con una auditoría como la que hoy se tiene, permite tener los riesgos a la vista y gestionarlos adecuadamente a través del cumplimiento de estándares de mejores prácticas y la promoción férrea de comportamientos éticos que estén a la altura de una organización de esta envergadura.

 

Sin embargo, tal como los valores correctos generan incentivos adecuados en gobiernos corporativos comprometidos, la influencia en sentido contrario también existe. Cuando son los mismos gobiernos organizacionales los que actúan en contra de valores y principios éticos mínimos, ningún tipo de herramienta o de movimiento desde las bases institucionales podrá impedir que la misma organización termine siendo el reflejo de tal forma de actuar. Culturas poco éticas son difíciles de remover y más difíciles de erradicar cuando surgen desde la cabeza de la institución.

 

De más está decir que en la ANFP debería haber directores independientes, no escogidos “a dedo”, sino a través de mecanismos profesionales y que garanticen imparcialidad. Adicionalmente a esto se requieren sistemas de control de gestión que operen efectivamente; programas de prevención (formación de colaboradores, línea de denuncia, código de ética, manual de buenas prácticas, difusión interna de los estándares de comportamiento establecidos por la organización, entre otros); mecanismos que faciliten la detección oportuna de transgresiones y la mejora continua de la cultura ética y sus procedimientos.

 

En síntesis, si el desafío real es cambiar las prácticas del gobierno corporativo, el camino más eficiente es modificar su estructura y composición. El trabajo, entonces, debe nacer de una decisión profunda de transformación, que sea capaz de responder adecuadamente a los miedos internos, que resista los embates del establishment y se enfoque en el cambio cultural como eje de reforma.

 

El gobierno de la ANFP debe, finalmente, reflejar cómo el país desea gestionar el fútbol para cumplir sus objetivos. Chile entero está mirando y exigiendo que el fútbol se maneje desde una mirada ética, transparente y enfocada en el desarrollo del deporte que más orgullos nos ha reportado. 

 

*La autora es gerente general Fundación Generación Empresarial.
Publicación: Pulso, junio de 2016.