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Ignacio Arteaga fue entrevistado por Corporación Mañana

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Los participantes de Corporación Mañana trabajan día a día, llenos de esperanzas y empuje, por su integración social, laboral y familiar. No es un camino fácil, sobre todo si esas oportunidades no se abren con facilidad cuando postulan a un trabajo. Lamentablemente, no son muchos los empresarios que se deciden a romper con presunciones erradas y la estigmatización que recae en quienes, a pesar de estar rehabilitados, en algún momento de su vida tuvieron un consumo problemático de drogas.

Sobre este y otros temas vinculados a la integración, conversamos con el abogado y académico Ignacio Arteaga Echeverría, quien asumió, en abril del años pasado, la presidencia de la Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos (USEC), institución fundada por San Alberto Hurtado.  Sin duda, su mirada es importante para conocer cómo desde el empresariado pueden abrirse más puertas para ofrecer opciones laborales a quienes anhelan reconstruir su vida y cumplir anhelos, tras un pasado marcado por el abandono y las drogas… una realidad que es transversal a todas las clases sociales, pero que ofrece mayores barreras, en la senda de la recuperación, a los más vulnerables.

 

¿Cuál es su opinión de la labor que desarrollan organizaciones como Corporación Mañana? ¿Qué nos recomendaría en este camino para apoyar a los hombres que anhelan retomar sus vidas con nuevas oportunidades?

R: En USEC valoramos el rol que juegan las ONG, las fundaciones, las corporaciones, y en general las sociedades intermedias que crea la sociedad civil, como parte de una sociedad libre en la búsqueda del bien común. Por lo que la labor que ustedes hacen para romper el círculo del alcohol y las drogas en favor de las personas que han tenido menos oportunidades es una ¡gran labor!

También es importante crear conciencia que esta es una responsabilidad no de unos pocos, sino que de todos. Es por esto por lo que los alentamos a que sigan haciendo su trabajo como lo están haciendo, y a que busquen difundir y visibilizar más su labor para que cada vez más gente pueda apoyarlos y más personas puedan beneficiarse del trabajo que ustedes realizan.

 

Nuestra Corporación trabaja con personas que lo único que requieren es la oportunidad de inclusión para cambiar sus vidas y nuestro propósito es que lo logren. No es una tarea fácil, no por ellos sino por la sociedad. En ese contexto ¿por qué cree que se genera esa resistencia a acoger a quienes han tenido un problema de adicciones y desean reintegrarse a la vida, a la sociedad?

R: Muchas veces por desconocimiento de nuestra parte, el desconocimiento es la base del prejuicio. Siguiendo al Papa Francisco, se nos olvida que al frente hay una persona y optamos por una cultura del descarte, que excluye muchas veces injustamente.

 

¿Cómo podemos, en su opinión, vencer este miedo a incorporar a las personas con el perfil que atendemos en nuestra Corporación? ¿Cómo vencer ese prejuicio y percepción de amenaza?

R: El tema es entender que detrás de estos casos hay personas como tú y como yo, con la misma dignidad, sólo que han tenido más problemas y menos oportunidades. Si logramos ponerles rostro a estos casos y empatizar con ellos podremos romper las barreras de prejuicio que tú mencionas.

 

¿Cómo evalúa el desarrollo en nuestro país de una mirada más inclusiva en las empresas, especialmente en beneficio de los sectores más vulnerables?

R: En los últimos años hemos ido avanzando, aunque todavía nos queda bastante por hacer. Como USEC en particular, velamos porque nuestras empresas socias sean verdaderas comunidades de personas, que busquen el máximo desarrollo material y espiritual de sus colaboradores, creen oportunidades para los más excluidos de la sociedad, como los excarcelados, los adultos mayores, personas en situación de discapacidad, inmigrantes, entre otros.  En eso se enmarca uno de los siete compromisos que USEC le regaló al papa Francisco en su visita a Chile, y a los que adhirieron personalmente más de 2000 hombres y mujeres de empresa.

 

¿Qué nos falta como país, como sociedad, para alcanzar mayores niveles de inclusión?

R: Una cultura centrada en la persona, que reconozca que todos tenemos la misma dignidad y merecemos el mismo respeto, y que no se quede en una declaración de buenas intenciones, sino que se haga vida. Nos falta un verdadero sentido cristiano que nos haga poner a la persona en el centro de nuestras decisiones, con un rostro, con un nombre, con una historia.

Como USEC hemos hecho la invitación a los hombres y mujeres de empresa a firmar estos siete compromisos para cambiar la forma en que hacemos empresa y darles un sentido cristiano y trascendente.